30.6.10

Motivos para viajar.

El fin de semana platicaba con un conocido, apodado Xicoatl, que se va a Brasil, hace unos días vi la publicidad que hizo Lars Von Trier para el turismo danés, por accidente me perdí en las fotos de mi viaje a Budapest, mi blog no-muerto salió de su sepultura. Una serie de coincidencias, también conocidos como pretextos se unieron, casi casi como los anillos del poder de "El capitán planeta y los planetarios" para devenir en este post sobre esos lugares que muero por visitar, pisar y vivir y las razones que han convertido a estos lugares en obsesiones personales.

Copenhague, Dinamarca. Es un sueño en el que un desconocido me aborda en un café invitándome a Roma, seguido de una serie de encuentros y desencuentros, despedidas y saludos, de olvidos, invenciones, reinvenciones y mitos, mientras en la mente retumban las palabras: "Todo es una ficción, una reconstrucción, pero aún así duele" El director danés Christoffer Boe es el responsable de que Copenhague este en primer lugar en mi lista de países por visitar, de que sea una obsesión y que en mis anhelos más profundos el mito de Eurídice y Orfeo se cumpla si desciendo al subterráneo de la ciudad. En mi imaginario, la ciudad suena a Fred Astaire cantando "Night and Day" si la observo desde la ventana del hotel, y a nivel de calle, "Adagio for strings" hace vibrar la oscuridad otoñal de la ciudad. Todos usan abrigos largos, y caminan como siendo parte de una orquesta en conjunto a la ciudad. Todos son la ciudad y la ciudad no es solo los edificios y las calles. Ni que decir de los edificios, que parecen inamovibles, pero que a la menor provocación toda la ciudad podría ser levantada por estos que como globos de helio arrancarían a la ciudad del suelo, alejándola de este mundo terrenal. "Reconstrucción" y "Allegro", las películas de este director, han logrado conseguir que sienta una necesidad imperante de pisar tierra danesa en Otoño, a tal grado de sentir un palpiteo en el pecho que me enciende el alma cada que mis pensamientos viajan, se meten a un café cualquiera y con los ojos tomo una que otra foto digital subexpuesta y granulada.


Moscú, Rusia. La advertencia de "No hablar con desconocidos" no aplica por el idioma. Camino por las calles de Moscú llego a los estanques del patriarca y ningún hombre se me acerca, soy yo el único extranjero. Y no me atrevo a hablarle a nadie, no quisiera comenzar una discusión sobre Jesucristo... No vaya a ser que... Por los rieles del tranvía no hay rastro alguno de aceite derramado, ¡No habrá muertes hoy! Y aun así, estoy excitado... puedo ver la cabeza rodando de Berlioz. Visito Griboyédov, oigo a la multitud intelectual hablando aunque todo esta en silencio... Visito el hospital psiquiatrico donde me prohiben la entrada, ¡ya están cansados de que gente como yo, llegue preguntando por "el Maestro"! Por la calle adivino la ventana de su habitación, que de pronto se abre dejando salir a todo un séquito volador que rápidamente se pierden entre las nubes que de un momento a otro aparecieron en el cielo. Finalmente, la última escala... La casa de Margarita, sus cosas en los estantes, la cama aun hecha, como si los años no hubieran pasado y su ropa acomodada, perfecta, inútil... Salgo, estoy agotado, mucha emoción corre por las venas, quiero descansar y me voy a un hotel, a un hostal o que más da, mañana visitaré la plaza roja, el Kremlin, no importa... En mis sueños varios hombres, entre ellos un gato que anda sobre sus dos piernas entran a mi habitación, todo comienza a girar y me desplomo. Abro los ojos y una ola me llega casi a los pies, el ruido monótono del mar me sacude las orejas... Me incorporo, un muelle, sin preguntar al hombre que se dirige con caña en mano, entiendo que estoy en Yalta. ¡Diablos! ¿Cómo haré para llegar al show de Voland esta noche? (Mijail Bulgakov, El maestro y Margarita, mi motivación para visitar Rusia)


Twin Peaks, Estados Unidos. Al mismo tiempo que una gran curiosidad se apodera de mi, un gran miedo me hace no brincar la frontera en busca de ese pequeño pueblo al norte de Estados Unidos. El simple hecho de llegar por automóvil y tener que pasar entre el bosque me atormenta, ¿de dónde sacar el valor para atravesar la carretera en medio del bosque por la oscuridad? La imagen de arboles que aparecen a los lados iluminados por los faros del auto y desaparecen en los espejos retrovisores me ponen la piel chinita. No dejo de pensar en la similitud que hay con Silent Hill, ya la imagen es lo suficientemente aterradora como para encima imaginar que de la nada apareciera una mujer que me hiciera perder el control del auto y caer en algún pueblo perdido por la niebla. ¡Quita esas imágenes de la cabeza! -me ordeno y continuo manejando atento por la intranquilidad de la noche. Finalmente llego y veo el anuncio de Twin Peaks y su población. Me paro en el primer lugar abierto en medio de la noche donde sirven un café inigualable. El mejor café del mundo y rosquillas que no están nada mal. Una mujer con un leño me ve desde una mesa, ¡que rara mujer! Abraza al leño casi como si fuera un hijo y susurra algo. Hace un guiño y yo no logro definir si fue dirigido a mi o yo me crucé y lo recibí. Es mejor partir, con unos vasos extras de café. Llego al hotel y aunque estoy cansado, sigo bebiendo de ese increíble café... no quiero dormir, no quiero soñar... Afuera el pueblo se ve tan tranquilo, aunque no hay grillos y a decir verdad ningún ruido. Apenas llega el rumor de una moto por la carretera a lo lejos y se pierde entre las dos montañas casi gemelas. Le digo lo que pienso, lo que he visto, mis planes para mañana a mi grabadora, mi gran compañera. -Visitar la tumba de Laura Palmer y de su prima -. Camino por la habitación intranquilo y cansado. Me refresco en el baño con un poco de agua en la cara y cuando levanto la mirada al espejo y un hombre de cabellos largos, de mirada trastornada, que se ríe endemoniadamente aparece en el reflejo. Ahora entiendo porque tenía que llegar a Twin Peaks.

La lista sigue y sigue. Oslo por la necesidad de repetir con una paleta de color como la de Reprise. El Berlín Zombie de Bruce LaBruce. El Nueva York desenfrenado sexualmente entre maquetas de la ciudad de John Cameron Mitchel, los bosques húngaros de Bambi, el Israel gay de Caminando sobre el agua, C.R.A.Z.Y. y The Bubble. El Nantes de Jacquot, La Cracovia inundada de agua en estado líquido del último mes. Un amigo en Eslovenia. Los vampiros de Rumania, La Varsovia de "Reserwat", la Roma de Fellini, y la edad media sueca de Bergman. Los rojos del comercial de Marruecos. La China de Wong Kar Wai, y también La Tierra Media Neozelandesa, supongo. Y Japón porque tengo una fe rara en que aquí me perderé y con una suerte rara quizá me vuelva a encontrar...

1 comentario:

Alin Munda dijo...

Vaya ¡Un fan de Girondo!