10.5.11

Hasta dan ganas de morir. El Requiem de Berlioz.

(Nota: Es una copia de lo que publicó mi alter ego, el Capitán Demy Demy en su blog: http://capitandemydemy.blogspot.com )

De pronto me dieron ganas de escribir. Y abrí un blog
De pronto me dieron ganas de escribir de algo que conozco muy poco. Quizá por la tarde y la lluvia.
De pronto me dieron ganas de escribir de algo que conozco muy poco, la música. Del Réquiem de Berlioz.

Este sábado 16 de Abril, la Orquesta Sinfónica de Xalapa dio un concierto en la catedral de la ciudad de México. Presentó la Gran Misa de difuntos, opus 5 de Berlioz. ¡Vaya reto!

(Antes de continuar, es preciso aclarar que soy un analfabeto musical y que en gran parte le debo este nuevo gusto por la música a Orlando, que no es su nombre real, y que en lo sucesivo será O. Él ha sido mi sensei musical, de la música "buena", clásica, de esa que requiere de otros oídos para ser disfrutada. De la que rara vez se baila, se canta y que quizá mi papá utilizaría para dormir. Hoy, por motivos varios, O no pudo ir. La música resonando en la catedral me ha provocado emociones que se han quedado dentro y no han encontrado vía de escape. Por eso lo escribo, seguramente. Lamento no conocer tanto de música para ser más específico en los términos, instrumentos y momentos del Réquiem, pero sin duda es algo que con el tiempo, la experiencia, escuchar música y reflexionarla se va perfeccionando. Por lo pronto les dejo mis impresiones perfectibles de este evento singular.)

El cielo gris a punto de llorar daba el tono perfecto a la velada. La misa se retraso porque el cielo no aguanto más y derramo algunas lágrimas inundando las calles del centro histórico. Como en todo concierto, el sonido era un caos, gente hablando, músicos afinando, celulares sonando, en fin, la catedral parecía un mercado, me recordó al Nuevo Testamento. De pronto, se hizo el silencio cuando Jesús, digo, el director de orquesta, Fernando Lozano, subió al atrio mientras el cielo gris a través de los ventanales sobre las cúpulas de la catedral empezaba a oscurecer, iluminado de vez en cuando por algún rayo.

Comenzó a mover las manos.
Muy sutil, la música comenzó a recorrer los pasillos, a inundar las cúpulas, los recovecos y las figuras religiosas. Los coros elevaron la catedral al cielo, y por casi 90 minutos parecía un refugio del Dies Irae. Quizá afuera el mundo se estaba acabando, víctima de un diluvio o del fuego del infierno. Pero por dentro las columnas adquirían una fortaleza innombrable. La arquitectura jugó un papel importante, cuando el sonido resonaba en sus espacios y principalmente cuando de los cuatro puntos cardinales provenía música todo el templo se volvía tan pesado, tan indestructible, y solo vibraba la amenaza de una fuerza superior que parecía estar resguardando el recinto sagrado. Por momentos corría la sensación de que iba a irrumpir con todo su poder en medio del atrio, ofreciéndonos un espectáculo único, de redención, esperanza y fe que abrigaba el alma de los presentes.

Ni la catedral se partió en dos, ni entró la mano de Dios, ni se acabó el mundo afuera y sin embargo eso se sintió. La música era un llamado directo al alma, que por momentos se elevaba por encima del cuerpo y se acercaba al centro de la catedral donde la música la acariciaba y le ofrecía consuelo a tantas penas. Si, mi escrito es muy católico, es, sin duda, porque la música es muy católica, yo no lo soy tanto. Justo pensé en el poder y la influencia de la iglesia católica en el arte y todos los regalos que nos dejó. Una tristeza que ya no sea así.

El final, tan breve, corto, sin estruendosos ni espectaculares movimientos, como si las puertas del cielo se cerraran una vez que entramos al paraíso, sutiles, discretas, para que los otros, los que se salieron a mitad del evento, no se dieran cuenta de que acababan de perderse un momento único de redención y de paz. Si así es la muerte, si así se siente, hasta dan ganas de morir.

Fue anunciado que el concierto sería dedicado a las víctimas de la violencia que vive el país en los últimos años. Un acierto. Lastima que todos aquellos matones nunca se pararían en un evento así. Si lo hicieran, otra cosa sería.

Como último apunte, siempre me han molestado los eventos gratuitos. Este no fue la excepción. La gente, tan grosera, comenzó a salirse a los 30 minutos de iniciado el proceso de sublimación. Una falta de respeto, si en el cine es molesto, en un concierto de este tipo debería ser inaceptable. Un celular sonando, gente hablando, y los ruidosos pasos al momento de abandonar el recinto sin duda son irritantes para los que estamos disfrutando del momento. Hasta ganas daban de que afuera el mundo estuviera agonizando de verdad y todos los insolentes ruidosos se extinguieran también.

Para los que no se enteraron del evento, aquí una muestra del Réquiem. Imagínense esto en la Catedral Metropolitana.


7.7.10

Blue

Usualmente las vacaciones son, como el término inglés, Blue...

...y todo lo que eso signifique.

Tanto tiempo libre y sin estar en un estado de constante presión me relajan demasiado los pensamientos como para divagar en detalles de mi vida, atar cabos sueltos de historias y lugares pasados y si atados, entonces desanudarlos y reconstruirlos como una nueva historia, más trágica, más romántica, depende lo que no sea. Total, para eso son los recuerdos. He iniciado una campaña para afrontar las blucaciones y porque además el cielo gray no ayuda en mucho, mas que para practicar mi francés repitiendo una y otra vez:

Il pleut des cordes sur le genie
de la place de la Bastille
nous marchons sous un ciel gris
Perce par des milliers d'aiguilles
Il pleut des cordes sur le genie
les nuages trop lourds s'abandonnent
de l'eau pour les gens de Paris
pour l'ange nu sur la colonne
Hoy fuí a correr. Algo sobrenatural pasa. Me he estado durmiendo relativamente temprano y me despierto a las 7 de la mañana. Mi hermano ha estado yendo a correr y hoy, que no tenía mucho por hacer (salvo un programa de radio que no llego :S) acepté ir con él. Me sacudí la flojera, que no sueño, me puse los tenis checos (no me comí letras, es una pedante presunción mía nada más, los tenis no tienen ninguna particularidad, ni la etiqueta pues) y corrí 5 kilómetros en tres escalas. Tomando en cuenta mis meses inerte no esta mal. Creo. Y hasta ahora no me han empezando a doler los pies ni piernas.

Après...

Huí a la Vasconcelos, la biblioteca. Pues mi casa es el peor lugar para concentrarme. Llegué con la esperanza de que ya estaría mi credencial... pero no ha llegado, dicen. Quería comenzar a leer y después poder salir con algún libro para utilizarlo como esponja de tiempo en los largos caminos del metro. El último fue "Novela Teatral" que es una "Novela teatral" de Mijail Bulgákov, pequeña, en ambos sentidos, frente al Woland de Mistri i Malgorzata.

En mi larga lista de los que quería leer figuraban Pier Paolo Pasolini, Bertolt Brecht, Bulgakov, Cortázar, Dreyer. Escogí de Alessandro Baricco, "Seda" una recomendación reciente y por el tamaño del libro, la única opción para leer en un par de horas.

¡Qué tranquilidad de la biblioteca y que vista, y hay lugares libres, no hay que pelearse por un sillón como en el Starbucks! Las 4, las 5, 5.30... En algún momento una moneda de 5 pesos anhelante por probar aquel sillón salió rodando de mi bolsa. La sentí, pero deje que disfrutara unos minutos la tranquilidad del lugar. En uno de los momentos clímaticos del libro, un hombre con una credencial que no logré entender de que era, se me acercó... me dijo que se llamaba "algún-nombre-que-olvide", hablaba un poco gangoso, y con un brillo en los ojos que se tambaleaba por la cuerda que divide la inocencia y la estupidez. Opto por la inocencia, mi significado de estupidez no podría estar en armonía con la inocencia. Me pregunto que si no tenía una moneda de 5 pesos. Me veía sonriendo, la traidora. Estaba a un lado de mi pierna, la tomé. ¿La quieres?-Pregunte. Fué un sí rotundo. Y fué sí.

Retomé la lectura. Por unos segundos mientras releía los últimos parrafos pensé que me había costado cinco pesos ese énfasis sobre ese parrafo, porque de pronto, ahí estaba esa respuesta a las cosas que estaban rondando mi cabeza.

C'est fini.

Acabé más azul, pero esta vez con resonancias positivas...
-Es un dolor extraño.
En voz baja.
-Morir de nostalgia por algo que no vivirás nunca.
No tengo algo que me de nostalgia por no haber vivido, pero la pura idea me aterra, al mismo tiempo que me seduce, por esa naturaleza dual pisciana y lo masoquista que nace naturalmente casi junto al sadista que me brota de vez en cuando. En pocas palabras, porque no tardan en cerrar la biblioteca, el libro me ha encantado y me ha sumergido como en un mar de seda blue que si no ahoga por lo menos apachurra mi corazón de pan bimbo...

No tengo un buen final para este post, pero me voy a comer felizmente azul...

30.6.10

Motivos para viajar.

El fin de semana platicaba con un conocido, apodado Xicoatl, que se va a Brasil, hace unos días vi la publicidad que hizo Lars Von Trier para el turismo danés, por accidente me perdí en las fotos de mi viaje a Budapest, mi blog no-muerto salió de su sepultura. Una serie de coincidencias, también conocidos como pretextos se unieron, casi casi como los anillos del poder de "El capitán planeta y los planetarios" para devenir en este post sobre esos lugares que muero por visitar, pisar y vivir y las razones que han convertido a estos lugares en obsesiones personales.

Copenhague, Dinamarca. Es un sueño en el que un desconocido me aborda en un café invitándome a Roma, seguido de una serie de encuentros y desencuentros, despedidas y saludos, de olvidos, invenciones, reinvenciones y mitos, mientras en la mente retumban las palabras: "Todo es una ficción, una reconstrucción, pero aún así duele" El director danés Christoffer Boe es el responsable de que Copenhague este en primer lugar en mi lista de países por visitar, de que sea una obsesión y que en mis anhelos más profundos el mito de Eurídice y Orfeo se cumpla si desciendo al subterráneo de la ciudad. En mi imaginario, la ciudad suena a Fred Astaire cantando "Night and Day" si la observo desde la ventana del hotel, y a nivel de calle, "Adagio for strings" hace vibrar la oscuridad otoñal de la ciudad. Todos usan abrigos largos, y caminan como siendo parte de una orquesta en conjunto a la ciudad. Todos son la ciudad y la ciudad no es solo los edificios y las calles. Ni que decir de los edificios, que parecen inamovibles, pero que a la menor provocación toda la ciudad podría ser levantada por estos que como globos de helio arrancarían a la ciudad del suelo, alejándola de este mundo terrenal. "Reconstrucción" y "Allegro", las películas de este director, han logrado conseguir que sienta una necesidad imperante de pisar tierra danesa en Otoño, a tal grado de sentir un palpiteo en el pecho que me enciende el alma cada que mis pensamientos viajan, se meten a un café cualquiera y con los ojos tomo una que otra foto digital subexpuesta y granulada.


Moscú, Rusia. La advertencia de "No hablar con desconocidos" no aplica por el idioma. Camino por las calles de Moscú llego a los estanques del patriarca y ningún hombre se me acerca, soy yo el único extranjero. Y no me atrevo a hablarle a nadie, no quisiera comenzar una discusión sobre Jesucristo... No vaya a ser que... Por los rieles del tranvía no hay rastro alguno de aceite derramado, ¡No habrá muertes hoy! Y aun así, estoy excitado... puedo ver la cabeza rodando de Berlioz. Visito Griboyédov, oigo a la multitud intelectual hablando aunque todo esta en silencio... Visito el hospital psiquiatrico donde me prohiben la entrada, ¡ya están cansados de que gente como yo, llegue preguntando por "el Maestro"! Por la calle adivino la ventana de su habitación, que de pronto se abre dejando salir a todo un séquito volador que rápidamente se pierden entre las nubes que de un momento a otro aparecieron en el cielo. Finalmente, la última escala... La casa de Margarita, sus cosas en los estantes, la cama aun hecha, como si los años no hubieran pasado y su ropa acomodada, perfecta, inútil... Salgo, estoy agotado, mucha emoción corre por las venas, quiero descansar y me voy a un hotel, a un hostal o que más da, mañana visitaré la plaza roja, el Kremlin, no importa... En mis sueños varios hombres, entre ellos un gato que anda sobre sus dos piernas entran a mi habitación, todo comienza a girar y me desplomo. Abro los ojos y una ola me llega casi a los pies, el ruido monótono del mar me sacude las orejas... Me incorporo, un muelle, sin preguntar al hombre que se dirige con caña en mano, entiendo que estoy en Yalta. ¡Diablos! ¿Cómo haré para llegar al show de Voland esta noche? (Mijail Bulgakov, El maestro y Margarita, mi motivación para visitar Rusia)


Twin Peaks, Estados Unidos. Al mismo tiempo que una gran curiosidad se apodera de mi, un gran miedo me hace no brincar la frontera en busca de ese pequeño pueblo al norte de Estados Unidos. El simple hecho de llegar por automóvil y tener que pasar entre el bosque me atormenta, ¿de dónde sacar el valor para atravesar la carretera en medio del bosque por la oscuridad? La imagen de arboles que aparecen a los lados iluminados por los faros del auto y desaparecen en los espejos retrovisores me ponen la piel chinita. No dejo de pensar en la similitud que hay con Silent Hill, ya la imagen es lo suficientemente aterradora como para encima imaginar que de la nada apareciera una mujer que me hiciera perder el control del auto y caer en algún pueblo perdido por la niebla. ¡Quita esas imágenes de la cabeza! -me ordeno y continuo manejando atento por la intranquilidad de la noche. Finalmente llego y veo el anuncio de Twin Peaks y su población. Me paro en el primer lugar abierto en medio de la noche donde sirven un café inigualable. El mejor café del mundo y rosquillas que no están nada mal. Una mujer con un leño me ve desde una mesa, ¡que rara mujer! Abraza al leño casi como si fuera un hijo y susurra algo. Hace un guiño y yo no logro definir si fue dirigido a mi o yo me crucé y lo recibí. Es mejor partir, con unos vasos extras de café. Llego al hotel y aunque estoy cansado, sigo bebiendo de ese increíble café... no quiero dormir, no quiero soñar... Afuera el pueblo se ve tan tranquilo, aunque no hay grillos y a decir verdad ningún ruido. Apenas llega el rumor de una moto por la carretera a lo lejos y se pierde entre las dos montañas casi gemelas. Le digo lo que pienso, lo que he visto, mis planes para mañana a mi grabadora, mi gran compañera. -Visitar la tumba de Laura Palmer y de su prima -. Camino por la habitación intranquilo y cansado. Me refresco en el baño con un poco de agua en la cara y cuando levanto la mirada al espejo y un hombre de cabellos largos, de mirada trastornada, que se ríe endemoniadamente aparece en el reflejo. Ahora entiendo porque tenía que llegar a Twin Peaks.

La lista sigue y sigue. Oslo por la necesidad de repetir con una paleta de color como la de Reprise. El Berlín Zombie de Bruce LaBruce. El Nueva York desenfrenado sexualmente entre maquetas de la ciudad de John Cameron Mitchel, los bosques húngaros de Bambi, el Israel gay de Caminando sobre el agua, C.R.A.Z.Y. y The Bubble. El Nantes de Jacquot, La Cracovia inundada de agua en estado líquido del último mes. Un amigo en Eslovenia. Los vampiros de Rumania, La Varsovia de "Reserwat", la Roma de Fellini, y la edad media sueca de Bergman. Los rojos del comercial de Marruecos. La China de Wong Kar Wai, y también La Tierra Media Neozelandesa, supongo. Y Japón porque tengo una fe rara en que aquí me perderé y con una suerte rara quizá me vuelva a encontrar...

25.6.10

Un blog zombie

Practicamente mi blog murió el pasado 18 de Febrero. Este año si de por si apenas daba unas cuantas bocanadas intentando sobrevivir, en Febrero murió cuando dejé de escribir, sepultando mi querido blog en el cementerio de blogs que día a día crece y crece. De pronto tenía ideas que quería escribir para mantener el blog vivo y vigente, pero me faltaba concentración. Y murió.

Por fortuna, desde Otto, soy fan de los zombies. Y ni tan fan, solo me nació una filia particular y un cariñito especial por los zombies y eso, tampoco por todos. Y lo único que le faltaba al blog era eso, volverse zombie. Así, errores ortográficos, gramaticales, de redacción, concreción, cohesión y demás elementos de la lengua quizá sean perdonados por lo medio muerto del cerebro-zombie. (Además, como que en el mundo de las letras esta de moda morirse, sin ofender a los Grandes ni a los seguidores)

Así que he vuelto, muerto y mejorado (de esto último, no estoy tan seguro) por lo menos je peux écrire en francais(con c cedilla que no encuentro en el teclado) and in english too. Y eso, más o menos.

Intentaré escribir más a menudo. Solo para no perder la costumbre.

18.2.10

Un post breve sobre Starbucks

1. Sólo voy a Starbucks para sentirme como en una pintura de Edward Hooper.

2. En mi mesa, en las últimas tres horas se han sentado: Un argentino guapo que mutó mientras fuí al baño en un Español aún más guapo y cuando se fué llegó un güerito tipo Inglés (yo supongo que es Inglés porque toma Té helado en un día con lluvia). Frente a mi un Japonesito cero sexy junto a un cuarentón con piercings en la ceja.

3. El día de hoy por la lluvia, toda la gente se metió a los Starbucks y en vez de pintura de Edward Hooper parece de Pieter Brueghel.

4. La única persona que me ha hablado fue una mujer para que le ayude a conectar su lap a internet. Ash... ¡mujeres! ¡Me voy!... solito :(

31.12.09

Au revoir 2009

¡Que cabrón, 2009! Crisis, Enfermedad, Desempleo, Robos, Asaltos...

y sin embargo,

eres el año que subí a la Torre Eiffel y me atasque de nieve y frío. No dudo que haya sido intencional llevarme a conocer el mundo en un viaje POCA MADRE por Europa y Nueva York en el primer bimestre del año para dejarme los otros cinco con una sensación de encierro... ¡Qué Infausto 2009!

Por lo menos hoy tengo la sensación de que este año si se termina. Un año atrás, en Diciembre 2008, por estas fechas estaba confirmado mi viaje a Polonia y lo único en mente era eso. Irme. Cabe aclarar que estaba en un estado meditativo debido a razones varias como el próximo fin de la universidad, mi rechazado proyecto de tesis y mi vida emocional que estaba echa un desmadre. Por eso el fin del 2008 pasó sin pena ni gloria y sin intereses ni propósitos. Los 22 primeros días de Enero fueron de caos. Trabajo, pendientes, arreglos. Una vez en el avión con mi corazón acongojado y temeroso (no por el viaje, sino por una idea terrorifica que venía acosando mi mente y que quizá a alguien le comente). Cuando volví a ver a mi mamá en el aeropuerto el 26 de Febrero todo se había transformado. La adicción de viajar me podía ya contar entre sus adictos.

Sí, 2009, me diste el viaje de mi vida y el día más FELIZ hasta ahora , en tu 14 de Febrero: La noche de Katowice y mi llegada a Viena. ¡Gracias benevolente 2009! Y todo lo que vino antes y después: La nieve, Sklep z Zabawkami, Budapest, Praga, Cracovia, París y Nueva York y mi cumpleaños 22... ¡No mames 2009, te luciste!

Lo que me trajiste después no es comparable, estabas cansado, y yo estuve así también, cansado y con la mira fija en Europa. Después te enfermaste, de Influenza, y me enfermaste de bronquitis. Y en lo que quedó del año siempre coqueteabas con doña enfermedad de alguna u otra forma. ¡Enfermo 2009!

Me graduaste, pero no me quisiste dar el título, ¡miedoso! Me estresaste en la grabación de mi corto y no me dejaste terminarlo ¡cabrón!, me diste a probar el trabajo en horario fijo y casi-de-oficina y luego me sacaste y me mandaste a la cárcel, ¡gracias sinceras! No me diste trabajo pero me hiciste entender que yo podía proponer y no depender. ¡Solo que no me dijiste como se gana dinero así! Me prometiste un programa de radio y no me lo diste, pero con 2010 ya hasta firme contrato. Me alejaste de algunos amigos (casi ex) pero me trajiste nuevos y de muchos lados, ¡para visitarlos!

No me diste ni maratón de cine, ni FICCO y vi casi 100 películas menos que en 2008. Y sin embargo, me regalaste cine gratis a montones y libros memorables. Me prometiste a Lars Von Trier y nada más me tentabas en descargarlo. Me prometiste NINE y nomás no llegó. Habrá que hacer una lista por lo que has de ser recordado:

Primero, los descubrimientos:

En cine, fue un año de ver varias muestras. En general lo que ví viejito en la cineteca fue memorable, y aunque las Diabólicas de Clouzot y en general lo que vi durante el MIX de cine me conquistó., este año será sin duda el año de Jacques Demy porque fue cuando descubrí LOS PARAGUAS DE CHERBURGO



y tiene doble premio por ser la única película que me hizó llorar este año.

En cuánto a la música, este año fué de descubrimiento de LA CASA AZUL. Gracias a Lalo y Radio-B pude cantar y cantar.


La canción descubrimiento sin duda: KOCHANA de Renata Przemyk quien se lleva el premio especial a concierto del año, porque aunque no entendí nada de lo que cantaba me conquistó su voz, su simplicidad y su concepto en aquel pequeño teatro en Bielsko Biala.



En cuanto a literatura, el descubrimiento fue EL TAMBOR DE HOJALATA de Günter Grass, por su brutal poesía que entra bella por los ojos para torcerse en la mente creando imágenes hermosamente pervertidas.


Ahora si 2009, aquí por lo que serás recordado, antes de que te vayas.

Aunque ya lo mencione, me diste el mejor día de mi vida. Me conservaste AMIGOS y me trajiste nuevos amigos y conocidos chidos: El trio M Polaco: Marek, Maryska y Mateusz. Los cinetecos: Lupita, Xóchitl, Iván y Paulina. Los amigos pro (de profesión): E-Lee, Francisco. The foreign friends: Michael, Ricardo (reloaded), Bertrand, y el ausente Richars Svik. Mr. Antropologo: Fer. Los franceses: Nayeli, Mariana y Mariana. El francés: Thierry. The teacher: Juan Pablo. A los Radio-b's que ya conocía pero conocí mejor. A Chispita, que después de tantos meses buscándonos "alguien" pues parece que ya nos encontramos "alguien".

Me trajiste las mejores fiestas de mi vida, en orden ascendente: Fiesta de graduación de Ale/Fiesta de fin de corto de M.I.E.L., La SUPERfiesta de Superheroes de SuperRadio-B y mi festejo de cumpleaños 22 imposible de superar con mi salida triunfal (que conste que salí gritando pero no arrastrando)

Mi disco 2009: Images of Sigrid de Poni Hoax, La canción 2009: Aunque viejita y super choteada pero que me acompaño por todo el año: "Porcelain" de Moby, pero la que me hizó muy feliz: "Alegría" del Cirque du Soleil y la que me puso más meláncolico "1973" de James Blunt. Una canción y disco de este año: Relator en "Break Up" de Scarlett Johanson y Pete Yorn. El concierto 2009, y a decir verdad, a escasez de ir a muchos que quería: DEPECHE MODE en el foro sol. Aunque es dificil decidir cuál de los dos.

El libro del año: "El maestro y Margarita" de Mijail Bulgakov. Cuando ví la obra me atrapó cuando leí el libro supe que era lo más chingón que había leído en los últimos años y seguramente en los venideros. Me emocionó, me hizó sufrir y tener miedo y luego me hizó reír y terminó dejándome un algo de nostalgía. Ir a Moscú es ahora una necesidad. Y hacer una película una tentación a la que no cederé porque los libros maravillosos nunca deberían ser llevados al cine.

La experiencia del año: La cárcel. De la que terminaré de contar una vez que 2010 entre en vigor.

La exposición del año: "Western Motel" de Edward Hopper en el museo de arte contemporáneo de Viena (aunque suene mamón me emocionó mucho encontrar algo de él hasta allá), en México: "Fotografía subjetiva" La contribución alemana, 1948-1963. Aunque chiquita ví cosas que me impresionaron y maravillaron sin tanta parafernalia lachapeliana.

La obra de teatro 2009: Obviamente, Sklep z zabawkami.


Y finalmente: El cine.

Los nominados para tener una segunda oportunidad son:
a. Joel y Ethan Cohen por su pretenciosa wanna be cool: "Un hombre serio"
b. Pedro Almodovar por su plana casi aburrida: "Los abrazos rotos"
c. Charlie Kauffman por su aburrida-inentendible-autocomplaciente: "Synecdoche New York"

Película mexicana 2009: "Parque Vía", de Enrique Rivero.
Mejor película sin ser el estandarte 2009: "Un conte de Noël" o "Confesiones en Familia" en su título en español, de Arnauld Desplechín
Mejor película de animación: "Vals con Bashir", porque es un delirio visual.
Mejor película infantil: "Los niños del suburbio", de Catti Edfelt e Ylva Gustavsson
Película (incomprendida) musical y documental del año: Áquel querido mes de Agosto, de Miguel Gomes. Maravillosa, aunque les cueste creerlo.
Película gay del año: "Johan" de Phillipe Vallois.

Y el que se merece una segunda oportunidad es:

Charlie Kauffman porque ha demostrado que mientras SOLO se concentre en escribir, surgen películas con guiones memorables.

Finalmente,

Película 2009:

REPRISE, VIVIR DE NUEVO de Joachim Trier, porque aún con sus defectos me dejó un sabor muy particular. Sin afán de exagerar, consideraría a la película como estandarte de jóvenes post universitarios Generación Y.



Pues, le quedan dos horas a 2009. Así que es hora de despedirme, y desearle a mis lectores asiduos y ocasionales que 2010 venga lleno de muchos momentos inolvidables. A mis AMIGOS con mayúsculas todo lo mejor, les agradezco y me siento muy contento que 2009 no nos separó y por el contrario hizó que afianzaramos más lazos, compartieramos experiencias, conversaciones, fiestas, música, radio, teatro y cine. No quiero apresurarme a decir lo que me prometió 2010 y con lo que me esta tentando, pero lo haré casi casi a modo de predicción que quizá este revisando en un año: Promete trabajo divertido, mucha diversión, locura y aventura, y con mucha suerte quizá un viaje. :D Sí, este año lo empiezo de buenas y motivado. Espero a todos les traiga mucho y de ese mucho que mucho sean cosas buenas, inolvidables, agradables y trascendentales.

Abrazos, besos exponenciales. También de parte de Jené, Berny y los demás.


El día más feliz de mi vida (hasta ahora), hacía un jodido frío, había pasado una noche larga casi casi caminando y en el frío. Esa noche fumé como nunca en mi vida. Conforme se acercaban las horas para amanecer el frío iba aumentando exponencialmente. A las 9 salia mi tren rumbo a Viena. La fallida búsqueda de un bar y lo curioso de la aventura Tropicana nos había entretenido hasta las 4 de la mañana. Marek me acompañaba. Luego pasamos las últimas horas en la estación de tren, comiendo, en un café, caminando, evadiendo el frío con movimiento. Llegó la hora de subir al tren, no puedo decir que fué lo que sentí en ese momento. Tenía unas ganas inmensas de saber que había más allá de Polonia, pero la noche había sido divertida, obviamente la mejor noche de mi vida. Aunque una parte de mi me invitaba a quedarme dentro de Polonia y pasar días chidos todo ese fin de semana, la otra me arrastraba hacia fuera sin saber que me esperaba. No sabía nada, si me iba a gustar, si iba a pasarla bien, si me iba a estar congelando en Viena por el frío y no iba a poder salir... y sin embargo, me atreví, compré mi boleto y subí al tren. Me despedí de Marek sin saber si lo iba a volver a ver, si íbamos a tener tiempo de volver a vernos cuando regresará a pasar por mis cosas a Polonia. Este año ha sido como ese momento, de decidir o más bien de echarse un volado. Un gran número de mis acciones han sido así, como subirse a un tren que me lleva a un lugar que quiero conocer y experimentar. Los últimos 6 meses sobre todo han sido de esperar, esperar a que algo avance y me he sentido estancado. Esta foto la tomé mientras esperaba a que el tren avanzará con todas las expectativas y dudas de lo que me esperaba, pude haberme bajado y quedado pero todo lo que me hubiera perdido y quizá no hubiera sido el mejor día de mi vida (hasta ahora). Creo que nunca he sonreído como sonreí ese día una vez que hube llegado a mi destino.


Los acontecimientos de los últimos días me hacen creer que el tren estancado de los últimos meses se ha puesto en marcha hacia el lugar que este año he decidido que es al que quiero ir. No sé si el destino sea igual de maravilloso como lo fué ese día, y sin embargo, prefiero arriesgarme a regresar al estado cómodo en el que estaban las cosas antes...

Y ahora comienza a avanzar, creo...

Ahora, sí...

¡Au revoir 2009!

26.12.09

10 días en la cárcel (1a Parte)

Busco una palabra que describa lo que sentí el día que llegué por primera vez a la cárcel. Ya sé.

Adrenalina.

Casi seis meses después aún recuerdo como subíamos las escaleras para ingresar al interior del penal de Barrientos. Me veo diciéndole a Toño:

"Ojalá hubiera forma de grabar nuestras caras en este preciso momento."

Acabábamos de pasar los puntos de control. El registro, la revisión de todo lo que traíamos, el sello fosforescente y la revisión del sello. Y ahora nos encontrábamos exactamente entre la calle que dividía la zona segura y el interior del penal. ¿Nuestras caras? Llenas de incertidumbre. Silenciosas. Temerosas. ¿Sería una locura? A esta altura, regresar no era una opción. La adrenalina corriendo por el cuerpo con cada latido convertía todos nuestros temores en una curiosidad desbordante, ardiente, que en vez de inmovilizarnos nos empujaba hacia delante, hacia el vacío, hacia una muerte que no podíamos adivinar.

Nos abrieron la puerta, entramos y todo quedó en suspenso. Los balones dejaron de botar y toda la atención se centro en nosotros. Decenas de ojos apuntando hacia nosotros. Siete escuincles enclenques, fresas y sobretodo temerosos. Cada paso que dábamos se hacia pesado pues además de nuestras cosas debíamos cargar con esas miradas que nos miraban atentamente. No era como en un escenario donde la gente te ve con admiración y respeto o por lo menos con ansiedad de que cometas un error. Aquí las miradas eran de medición, de identificación, lacerantes, penetrantes hasta el tuétano para medir quien eres. Cuando uno entra en el infierno sin duda debe haber ojos mirando de esa forma.

Evadiendo las miradas subimos los escalones del patio hacia el área de salones. Ahí todos pudimos respirar aliviados, excitados por nuestras primeras impresiones. Estábamos dentro. ¿Y ahora? No teníamos idea de lo que nos esperaba.

Cuando hago referencia a mis días en la cárcel, o a mis amigos en la cárcel y de la cárcel, me gusta ver la reacción de las personas. Mi forma de decirlo tan tranquila, tan orgullosa, les oprime el corazón. Lo sé, lo veo en sus ojos. Pocos se atreven a cuestionar como es eso, en general desvían el tema, pocos se atreven a preguntar porque tengo amigos en la cárcel o como fue que estuve en la cárcel. Y quien se atreve a preguntar, busca una respuesta que le haga creer que no soy tan peligroso, pues cara de peligroso no tengo.

-"Yo supuse que te habían agarrado grabando algo que no debías y te habían detenido", me dijo Mariana.

Ir a la cárcel fue una decisión sorpresiva. Había caído en la rutina, una rutina que se prolongaría hasta Noviembre, y apenas era mitad de Julio. Acababa de salir de una enfermedad, que atribuyo a una depresión derivada de factores varios como el fin de la universidad, mi anhelante necesidad de viajar que se veía frustrada por deberes escolares y crisis financiera y sobretodo por la revelación de elementos clave en la ya cansada, dañada y pervertida historia "México-Durango". Estaba en proceso de recuperación y no solo de los pulmones. Y como me dijeron en la cárcel. Si uno cae ahí es por algo.

Sin intentar generar más misterio, porque la pregunta imperante (para quien no conozca la respuesta) es: ¿Qué hacías en la cárcel? Fue mi servicio social. Unos compañeros tenían la propuesta de dar un taller de cine para reclusos con una fundación que se dedica a dar talleres a personas marginadas. Le hicieron la propuesta a la fundación, y esta aceptó emocionada. Un taller de cine para reos: CINESCAPE. A mi me invitaron una semana antes de empezar. Querían que los apoyará y diera la parte de edición. El proyecto consistía en 10 sesiones de 8 horas diarias para enseñar a los presos como se hace una película y hacer un cortometraje de animación con lo que se pudiera conseguir ahí dentro. Las reglas de la gente de seguridad del penal fueron simples:

I. No usar ropa beige, ni azul, ni negra, ni blanca.
II. No se podía grabar fuera del salón de clases.
III. Solo los reos aprobados por el personal de psicología podían tomar el taller.
IV. No se nos permitía el acceso a el área de dormitorios.
V. Nunca podía quedarse alguien por separado, debíamos movernos de el baño al salón de dos en dos.

A eso hay que agregar las reglas que la directora de la fundación nos impuso "por nuestra propia seguridad"

I. No dar información sobre quienes eramos (esto es apellidos), donde vivíamos o dónde estudiabamos, ni mucho menos números telefónicos.
II. No hay que creer todo lo que dicen ahí dentro.
III. No se puede grabar nada que no sea con fines de promoción del taller.
IV. En ningún momento nos podríamos separar.
V. Tijeras, cutters y todo el material debía ser contado antes de dejar el salón de clases.
VI. No podíamos hacer encargos especiales para nadie.

Rompimos algunas reglas.

El salón de clases era un cuarto largo separado por unos paneles plegadizos. Las paredes pintadas, viejas, sin vidrios en las ventanas superiores. Los paneles aunque se veían nuevos estaban rotos, no se plegaban bien y nos tomaba unos 5 minutos con la fuerza de los internos acomodarlos de forma que no se cayeran. Los pizarrones de gis, blancos de tantas veces que habían sido utilizados. Y las bancas destrozadas, por la edad y seguramente por un mal uso. No había luz, y la conexión eléctrica necesaria para conectar las computadoras tenía que ser obtenida de conectar una extensión a un cable pelado que volaba por el techo. El proyector no se veía, por lo que era necesario tapar con unas telas y cartulinas las ventanas.

Las clases comenzaron después de más de una hora de presentación. La primer semana era sobre cosas generales sobre el cine: Clase de historia del cine, de guión, de fotografía, de sonido y de edición. Una parte teórica y una práctica/experimental. No quiero hablar mucho sobre las clases, tardaría aquí centímetros de letras. Si no experiencias particulares, cosas que me impresionaron, que se me metieron a la cabeza y continúan taladrandome la mente en las noches sin sueño. La primer semana fue pisar el terreno. Conocer tanto como se pudiera. Teníamos una oportunidad única. Un acceso exclusivo.

Sí, todo es peor de lo que uno se puede imaginar. Ni siquiera yo lo imagino, de todo lo que contaban apenas vimos nada. No vimos como dormían mientras unos en cuartos solos, otros casi 40 en un cuarto de 3 x 2 metros. Tampoco vimos como es que se tenían que amarrar para dormir, y como es que tenían que dormir parados. No vimos como funcionaba el tráfico de drogas, ni la explotación de los nuevos. No vimos los abusos sexuales a los recluidos por violación. Y tampoco vimos como era el dormitorio de las mujeres por lo que no pudimos ver como mujeres vendían a sus hijos ni como los tenían dentro de la celda. Tampoco vimos los abusos de poder ni nos toco presenciar un motín y mucho menos una pelea a muerte. No vimos las armas ni los celulares escondidos. Quizá todo sea un mito. Pero vimos las cicatrices, los tatuajes, oímos sus historias, y vimos sus ojos cuando nos decían que nos podían llevar de dos en dos a los dormitorios, pero que no se atrevían a llevarnos a todos juntos porque no nos iban a poder defender. Alguien dijo: NO, hay riesgo de que los puedan secuestrar. Y fue No.

Nuestro tour más revelador, por así decirlo fue cuando accedieron llevarnos al área de gimnasio. Cruzaba un dormitorio por el exterior, por lo que pudimos apenas ver un poco sobre como eran las celdas, pequeñas y llenas de gente. Llegamos al gimnasio. Barras, pesas, y esas cosas. Sí, era un edén de hombres musculosos. Lastima que el tipo chacal no me va, como le dije a Lalo. Gimnastas, levantadores de pesas, boxeadores, todo el mundo nos dio una probada de lo que podía hacer. El deporte es lo único que te puede ayudar ahí adentro, ya sea para distraerte y mantenerte coherente o para conseguir trabajo como cobrador, golpeador, etc. Recuerdo que pensé que era un criadero de máquinas para matar, muy pocas veces he visto en el exterior alguien con cuerpos en ese desarrollo. Tres horas al día de gimnasio se notaban en los músculos y en lo bronceado de los cuerpos. Ahí adentro también se juega fútbol, obviamente. No nos dejaron subir a las canchas de fútbol, pero pudimos ver la de frontón y nos tuvimos que limitar a jugar con algunos internos fútbol y volleyball en el pequeño patio frente a los salones de clases. Quien me conoce, sabe y se me nota que no soy una persona deportiva y que por el contrario, soy bastante renuente a practicar algún deporte y sin embargo me atreví. Jugué y en algún partido ganamos. Quizá después de todo no sea tan malo. Fuera de ahí no lo he vuelto a intentar.

La hora de la comida era un momento interesante. Entrabamos al interior del penal, pasábamos frente algunos dormitorios hasta llegar a lo que llaman rancho que es donde se prepara la comida. Era nuestro único momento en el que podíamos ver un poco más de como funcionaba internamente. La cocina era administrada por cocineros delegados que ganaban dinero por cocinar y tener acceso a la comida. Era un puesto bastante conveniente. Por supuesto había comida especial para nosotros, y a decir verdad bastante buena, de esa comida llenadora que te deja noqueado de comer tanto. Para los internos la comida era llevada por comisiones especiales en grandes tambos hacia los dormitorios. Era un proceso tardado, por lo que debíamos parar de 2 a 3 horas el taller para que los internos fueran a pasar lista y comer. Cabe mencionar, aunque quizá ya lo imaginen, que la comida para los internos era repulsiva. Ver los tambos de dudosa limpieza llena de comida que tenía un aspecto miserable, un olor nada agradable y como oímos decir un sabor detestable me provoca todavía un nudo en la garganta que amarga cualquier paso de saliva con la esperanza de desanudarlo.

El olor. La directora de la fundación nos dijo: "Solo una cárcel huele así. A basura y adrenalina" Y si, he intentado encontrar de nuevo ese olor y es imposible. Ese olor particular, nauseabundo, filosito, penetrante y diluido con el olor a basura. Como un olor a sudor añejado. Y ahora que lo intento imaginar no es así. No es sudor viejo, si el miedo tiene olor sería eso. El olor a peligro estancado.

Para el viernes de la primer semana nuestros miedos se habían disipado. Estábamos relajados, quizá ahora más preocupados por saber como iba a ser lo de la grabación de los cortos. Aquí, aunque un poco tarde quizá sea coherente mencionar la estructura interna del penal, los que pueden pagar tienen un dormitorio separado, los que son castigados los mandan a un dormitorio especial al que todos le tienen miedo, los abusos son al por mayor. Ahí esta gente que no quiere trabajar, que se la pasa todo el tiempo drogados, historias hay decenas. Miles. Cosas que hacen poner la piel chinita al tiempo que enseñas los dientes y cierras un poco los ojos. El maltrato psicológico es diario. El temor a ser golpeado. La necesidad por dinero, el embaucarse por necesidad con prestadores de dinero que cobran intereses a cambio de trabajo y o golpes. Para sobrevivir se necesita dinero y para conseguirlo hay que idear formas. Vender droga, ser prestamista, bolear zapatos, vender dulces, comida, en fin se puede hacer de todo... hasta vender bombones.

"Te vendo un bombón", dice el recluso A al recluso B. El recluso A sabe que el recluso B tiene dinero para pagarlo. El recluso B pregunta en cuánto. "5 pesos" dice A. B acepta. A se coloca abre un poco los pies para tener equilibrio, gira un poco la cabeza de perfil e infla el cachete y se lo ofrece a B quien con fuerza cierra la mano y con el puño suelta un golpe furioso sobre el cachete inflado de A. Si es suficientemente fuerte A caerá noqueado. B le deja su moneda de 5 pesos en la mano.

Se necesita dinero si quiere comer algo decente, tomar agua, refrescos, para droga, la piedra es bastante popular. También para poder pagar las extorsiones a las que se ven sometidos constantemente. Ver tele tiene un costo, oír radio, escuchar música también. Porque laven la ropa, por poder dormir, hasta para no tener que pasar lista hay un precio. Para poder tener algún desfogue en el dormitorio de las mujeres se puede pagar o ellas pueden pagar para que alguien les haga el favor. Se venden tatuajes, cuadros, pulseras, perforaciones, juguetes de madera, canciones.

El martes de la segunda semana llegó el primer golpe. Si, llevábamos una semana de puros golpecitos, no parecía real era entrar en un juego, en una mecánica, eramos escuchas sin juzgar. Todavía había una línea que separaba su mundo del nuestro. Había una distancia. En mi caso, eso estaba a punto de cambiar de forma diferente en los siguientes días. Los días anteriores hablar de delitos no era algo extraordinario, era tan común que nos viéramos envueltos en una historia de drogas, violaciones, secuestros, robos y fraudes que aunque nos sorprendían no nos alteraban, veníamos preparados para eso.

CONTINUARÁ

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